En retrospectiva pareciera que todo estaba anunciado. El cambio se anticipaba en el ambiente: la vida avanzaba en una suerte de ansiosa cámara lenta, desesperada por ver el desenlace, pero aterrorizada por lo que éste pudiera implicar. Las palabras eran más sentidas, llegaban más profundo y quedaban haciendo eco en el cuerpo por más tiempo. El contacto erizaba la piel ante la posibilidad de lo que podría ser, en la desesperación de hacerlo eterno.
Y al final se supo, y todo cambió. Saber=eclosión(1). El capullo se abrió y la vida sufrió en cada partícula la ocupación de ese espacio. Absolutamente TODO cambió con esta nueva noción presente entre los ojos y el mundo, entre el corazón y la vida, entre mi mente y yo. En un segundo, el propio ser fue arrancado de su lugar, ahora ocupado por el capullo. Todo todo todo debe ser re-formulado. ¿Cómo ver el mundo? ¿Cómo reconciliarse con la cotidianeidad? ¿Qué importan ahora la política, la economía y el fru frú? Todo es ínfimo y mundano a tal escala que insulta con su mera existencia. ¿Cómo osa el mundo seguir como si nada hubiera pasado? ¿Por qué se escuchan los ruidos de una vida en marcha, si aquí pareciera que sólo existieran el ser y el cambio, junto a las hermosas y terribles posibilidades a futuro, y las incontables memorias del tiempo que ya fue?
Destino, azar, estadística. No sé, ni me importa. Ahora ÉSTE es el mundo, ÉSTA es la vida, ÉSTOS somos, y ÉSTO es. No creo que haya respuesta a todas las preguntas, ni mucho menos que haya suficientes preguntas para formular, pero ÉSTA es la realidad. La eclosión ya sucedió, y nada volverá a ser lo mismo.
Con la conciencia de una pequeña nueva noción, la transformación total, y con ella miedo, angustia, pánico, desesperación, terror, y demás. Sólo por saber, el mundo ya no es el mismo. Sólo queda alejarse de tiempos lineales que nos llevan de un punto A a otro punto B en una trayectoria (generalmente recta) con una determinada dirección (generalmente hacia delante) y velocidad (generalmente demasiado rápida o demasiado lenta). Sería absurdo e insano pretender captar la inmensidad de un cambio producido por el conocimiento de una cosa tan minúscula, en una simple línea recta, en la mera existencia actual. Se necesita la real sincronía del tiempo vivido para poder contar con las herramientas del pasado, el presente y el futuro, hoy, aquí y ahora. Sólo eso nos recuerda quienes somos, nos lo demuestra y nos da una pauta de las nuevas coordenadas en las que nos encontramos.
Y en medio de toda esta anfibología, no hay que olvidar: lo más indispensable es reconocerse humanos, tan finitos que una pequeña noción adquirida puede cambiar tremendamente los mundos que habitamos, tan infinitos que inmersos en la sincronía de la vida (esto es, en varios tiempos a la vez) podemos reformular el mundo y nuestra vida una y otra vez. Una y otra vez.
En retrospectiva pareciera que todo estaba anunciado. Y al final se supo y todo cambió. Una y otra vez.
Notas --
(1) Eclosionar: 1. intr. Dicho de un capullo de flor: abrirse (‖ separarse los pétalos).
"...Carl Jung define la sincronicidad como la coincidencia en el tiempo de dos o más causalmente no relacionados eventos que tienen el mismo significado.
ResponderEliminarCada experiencia de la vida empieza con el sabor singular del momento. Nos proyectamos con nuestros sentidos para envolver el mundo y digerirlo en nuestro pensamiento. Es en este acercamiento, en esta interacción (combinación de sucesos mentales y físicos) que la mente y el cuerpo se nos vuelven asequibles. De este modo, las experiencias personales son casi siempre de naturaleza sincrónica, porque siempre tratan del modo en que las cosas suceden juntas.
Nos dice Peat que la esencia especial de una sincronicidad está en su ser como suceso individual y único y como manifestación del orden universal. Es decir, una sincronicidad participa de ambos órdenes. Tienen su origen en combinaciones de sucesos mentales y físicos que producen, para el que la experimenta, un fuerte sentido del significado. Y este significado reside en la singularidad misma de la conjunción y en el orden universal que está más allá de ella. Durante una sincronicidad es posible, por un instante, tocar estas regiones de tal modo que implica que, dentro de las conjunción de coincidencias, hay envuelto algo realmente universal que está en el corazón de toda la creación y que alcanza los ritmos más básicos de la existencia..."
Escribía yo hace un tiempo a partir del libro de David Peat “Sincronicidad. Puente entre mente y materia”... qué lindo lo que me hizo recordar su texto.
Y todo puede ser a partir de un minúsculo episodio, touché!
Muy bueno, saludos.
Paz,
ResponderEliminarAntes que nada, mil gracias por tomarte el tiempo de hacer un comentario tan valioso. Me resultó muy intrigante el conocer de autores que teorizaron al respecto de algo tan propio y constitutivo de la humanidad misma como es la sincronicidad. Y es que con este comentario viví una vez más la sincronicidad misma: desde mi propia experiencia, desde una de las numerosísimas pruebas que la vida puso ante mí, reflexioné sobre lo inmenso que es este universo y lo magníficas y magestuosas que son nuestras conexiones con él, nuestras interacciones cuerpo-alma-universo, cuando todos se hacen uno. Y en otros tiempos, lugares y mundos, otros pensaron algo similar, y le pusieron palabras que vos leíste y re-procesaste para llevarlas un poco más allá y con un sentido propio en su significado. Todo para que hoy mis reflexiones te transporten a ese entonces, y al aquel entonces de los que pensaron esto desde sus propios mundos antes que nosotros.
Así, burlándonos de la minúscula línea histórica, nos mantenemos en contacto casi sin percibirlo a través de la magestuosa intemporalidad de la palabra escrita, de las marcas que dejan las experiencias vividas y, como cuota de humor, el cuasi-incomensurable mundo de la web.
Gracias por pasar, gracias por participar.
Y lo que es más importante: ¿Me podrías contar un poco más de aquello que escribiste? El qué, el por qué, etc. A ver si podemos seguir enriqueciendo esta experiencia.
Ja, bueno, adhiero totalmente con estas apreciaciones que hizo de los sifnificantes y significados intrínsecos a cada hecho, en el ahora, en el después y en el universo como tal. A eso nos referimos con este mágico concepto de sinconicidad. Y también es algo que jamás dejará de sorprenderme.
ResponderEliminarEs una larga historia... sucede que me gusta la física, conocí a este autor, David Peat (su libro) y quedé maravillada. En una ocasión por encuentros y desencuentros graciosos justamente aquí en la web con un amigo, decídí sintetizar algo de lo más importante de la idea de sincrinicidad, con mis palabras, claro, para pensar y a la vez que leyera quien quisiera sobre ese fenomeno. Escrito dedicado a mi amigo, claro, del cual le transcribí un poquito. Si quiere luego le paso más y si le gusta le recomiendo consiga el libro.
Gracias por la bienvenida.