sábado, 17 de marzo de 2012

Confiar en el amor de la Tierra

Como plantas debemos hechar raíces. Nacemos y renacemos incansablemente a lo largo de nuestras vidas. A veces los temporales nos derriban, y seguimos como un germen de lo que somos, una semilla que vuela con el viento, "sin rumbo". Y ahí es cuando nos olvidamos de nuestro potencial. De lo grandes que somos, de nuestra hermosa capacidad de florecer. Y dejamos de confiar en el amor de la Tierra, que nos da todo para que lo hagamos. Y así quedamos, tirados, tristes, solos. Desparramando latigazos de culpa a los otros, a nosotros, al mundo. Por suerte siempre aparece una almita sabia, que sabe distinguir una semilla de una roca, hacer un surquito en la tierra y la sembrarla. O el viento sopla suavemente y la cubre, dejando que la lluvia la active al caer.
Hay muchísimas formas en las que una semilla puede florecer si aprende a esperar el momento indicado para responder a ese  impulso de vida que nace desde adentro. Y de ahí, el trabajo es constante. Porque hay que aprender a plantarse, hay que aprender a confiar en el amor de la Tierra otra vez. Hechar raíces que nos anclen a este mundo y nos den la fuerza para seguir hacia arriba. Los temporales van a existir, y van a desafiar cada fibra de nuestro ser y la base misma de la fortaleza que intentamos construir adentro. El viento va a limpiar lo seco, quebrar lo débil y dejar aquello que es lo suficientemente flexible como para sobrevivir. El sol nos va a llenar de fuerza vital y otras veces nos va a quemar. El agua nos va a dar el sustento de vida y otras nos va a ahogar. Y tantos cambios se sucederán que desafiarán nuestra capacidad de esperar y de estar.
El cuerpo siempre llega antes que la mente. Y cuando se sintonizan, entendemos que ya no hay dualidad, que todo nace y va a lo mismo. Nuestra conciencia en el aquí y ahora es lo que nos permite ser partícipes de todo este crecimiento, de tremendo camino. Confiar en el amor de la Tierra es creer en que todo es absolutamente perfecto si aprendemos a estar en este momento y mirar a nuestro alrededor. Un eterno presente para vivir y contemplar. Una sincronía divina basada en la confianza absoluta, en el amor incondicional.
Cuando confiamos en el amor de la Tierra, nos plantamos y desde ahí somos para nosotros y para todos. Siempre presentes, fluyendo en una eterna espiral. Confiar, nacer, crecer, florecer, morir, confiar, nacer, crecer, florecer, morir, confiar....

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