miércoles, 3 de abril de 2013

Amo

amar incondicionalmente, como niño, como planta, como madre, como Tierra.

había una vez una niña que amó, amó y amó. Amó desde su gestación. Amó hasta su muerte. Amando vivió. Todo aprendió, todo sufrió, todo amó. Amó sin esperar, amó por amar. Amó ese impulso de sus entrañas de amar sin medida, a todo, a todos, a sí misma. Amó, amó y amó. Amó compartir su luz con todos, se amó así transparente. amó la transparencia, la luz y la oscuridad. Amó la dualidad no real. amó el dolor, la muerte el horror. amó el amor, la alegría, lo bello. Amó en primera persona como verbo, sin sustantivo ni posesión. Amó, entregada totalmente a ese amor que se desprendía de sí, que era ella, que es. Amó sin esfuerzo. Amó los golpes, los desgarros, las roturas. Amó armarse, re-armarse, re-nacer. Se amó rota, se amó entera, emanando amor sin cesar, sin condiciones. Amó vivir. Vivió una vida, vida de amor. Vida amada. Vida feliz. Vida simple. Vivió. Vive. Vida.

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