"No hay verga que te venga bien" sermonea un tipo de los que viven en mí. Y con un placer malévolo de esos que te tuercen la sonrisa, me dije que la tuya me venía perfecta... Es más -recapacité- vos eras perfecto. A diario mi mandíbula caía rotundamente al piso una y otra vez tras tus constantes demostraciones de sereltipoquesiemprequiseparamí. "Es demasiado bueno para ser verdad" decía la vieja chusma-malondona que vive en mi cabeza, para ser automáticamente apaleada por la histérica idealista que haría todo lo posible para que eso no fuera verdad -la valoración y, con el tiempo, también el objeto de valoración...
Tu verga, es verdad, me venía tannn bien. Me descocía y rearmaba de formas que no sabía que habitaban este cuerpo que hoy tengo puesto. Y fue así. Sé que lo fue.
Hasta que sumida en ese estado de paz y sensación de unidad con el Universo que se tiene al haber muerto y resucitado en un continuum de placer, persona tras persona profanaron el santuario que construimos a fuerza de promesas a futuro (¿?), y dejaron entrar la -nunca triste- realidad. Así ya no escuchabas sino lo que otros decían por mí, ni veías sino las mímicas de otros refiriéndose a mí. Yo no vi que vos no me veías, por la confunsión de la mixtura entre el placer y el sinsentido, supongo.
Para cuando desperté de mi embelesamiento, la perfección había dado paso a la miopía. Ya no podés leerme, ya no podés dejarme regulando de sorpresa por personificar un regalo "a medida" del Universo. Tu amor miope entorpeció a tu verga otrora divina, y me quedé queriendo un amor por una persona imaginaria que no vive en mí.
Y así quedé boquitabierta pensando en cuánto placer creamos como para estar tan anestesiada mientras todo esto llegaba. ¡Cuánto gozo! Fue magnífico... FUE. -Magnífico. -Fue. Y hoy: ni la tuya, ni la de nadie. Hoy, reposo tras tremendo revoleo/revolcón. Hoy, sonrisa extasiada de saber que "No hay verga que te venga bien".