domingo, 25 de marzo de 2012

Un jardín de rosas

Es eso... nada más. Hubiera sido lindo poder decirte esto a la cara, pero tengo un corazón idiota y una cabeza más tonta aún, que tomaron mi alma, la sentaron en una nube a jugar con los ángeles y los rayos del sol, y dejaron mi cuerpo inerte, resignado y cobarde tambaleándose entre rosas con espinas que doblan el tamaño de sus pétalos... Supongo que sólo será cuestión de afirmar un pie, luego el otro, mantenerme quieta por un instante... Asomar un alita, luego la otra, y por más que duela, pegar un salto... un salto gigante.... tan rápido y con tanta decisión que las espinas ya no se sentirán... Así comenzaré a subir... y cuando me reencuentre con mi alma, conmigo en fin, miraré para abajo y sólo podré ver rosas.. preciosas... las más hermosas... y, simplemente, seguiré volando...
Y pensar que la distancia entre esto que escribo y la realidad es tan grande y tan ínfima como la decisión de comenzar a llenar de contenido esas palabras, de vivirlas....

jueves, 22 de marzo de 2012

Cambio y Fuera

Cambio.

Aceptar el cambio, abrazarlo y llevarlo a cabo requiere de un enorme esfuerzo personal que tiene que ver normalmente con caer, con tocar fondo, con dolor. Desde allí, vencer a la pereza y el sufrimiento para iniciar el movimiento. Seguir, seguir, seguir. Sostener, pensar, seguir. Dejar que pase el mareo y seguir. Afianzarse.

Con respecto al resto de la gente, el esfuerzo debe ser mayor. Mientras más trascendentales (radicales) las decisiones, más resistencia se encuentra de fuera. Ya nadie nos ve como somos, para todos somos diferentes en un sentido peyorativo que desmedra nuestras más íntimas fibras. Y de ahí la avalancha de (mal)interpretaciones: el cambio como capricho, como desesperación, como error, como pérdida de lacordura, como suicidio.

En cada cambio morimos, y mucha gente se queda llorando el cadáver. Normalmente porque se resisten a cambiar en sí mismos, a adaptar lo necesario en ellos para aceptar. Así, honran a los muertos y desprecian a los vivos. Porque es más fácil añorar un pasado mejor antes que hacer frente a un presente que nos desafía e interpela. Que nos exige tomar una posición.

El cambio como negación del otro. El cambio como suicidio y asesinato. El cambio que enfrenta la resistencia de las expectativas en vez de gozar de la aceptación, del fluir, de la compañía.

El cambio como soledad y abandono propio y de la sociedad.

Y, de golpe, te soltás. Caés, y nunca te golpeás. Volás. El cambio como bendición, como principio, como eterno devenir. El cambio como lo simple, lo necesario, lo propio. El cambio como desapego, como amor.

El cambio como cambio, nada más.

sábado, 17 de marzo de 2012

Confiar en el amor de la Tierra

Como plantas debemos hechar raíces. Nacemos y renacemos incansablemente a lo largo de nuestras vidas. A veces los temporales nos derriban, y seguimos como un germen de lo que somos, una semilla que vuela con el viento, "sin rumbo". Y ahí es cuando nos olvidamos de nuestro potencial. De lo grandes que somos, de nuestra hermosa capacidad de florecer. Y dejamos de confiar en el amor de la Tierra, que nos da todo para que lo hagamos. Y así quedamos, tirados, tristes, solos. Desparramando latigazos de culpa a los otros, a nosotros, al mundo. Por suerte siempre aparece una almita sabia, que sabe distinguir una semilla de una roca, hacer un surquito en la tierra y la sembrarla. O el viento sopla suavemente y la cubre, dejando que la lluvia la active al caer.
Hay muchísimas formas en las que una semilla puede florecer si aprende a esperar el momento indicado para responder a ese  impulso de vida que nace desde adentro. Y de ahí, el trabajo es constante. Porque hay que aprender a plantarse, hay que aprender a confiar en el amor de la Tierra otra vez. Hechar raíces que nos anclen a este mundo y nos den la fuerza para seguir hacia arriba. Los temporales van a existir, y van a desafiar cada fibra de nuestro ser y la base misma de la fortaleza que intentamos construir adentro. El viento va a limpiar lo seco, quebrar lo débil y dejar aquello que es lo suficientemente flexible como para sobrevivir. El sol nos va a llenar de fuerza vital y otras veces nos va a quemar. El agua nos va a dar el sustento de vida y otras nos va a ahogar. Y tantos cambios se sucederán que desafiarán nuestra capacidad de esperar y de estar.
El cuerpo siempre llega antes que la mente. Y cuando se sintonizan, entendemos que ya no hay dualidad, que todo nace y va a lo mismo. Nuestra conciencia en el aquí y ahora es lo que nos permite ser partícipes de todo este crecimiento, de tremendo camino. Confiar en el amor de la Tierra es creer en que todo es absolutamente perfecto si aprendemos a estar en este momento y mirar a nuestro alrededor. Un eterno presente para vivir y contemplar. Una sincronía divina basada en la confianza absoluta, en el amor incondicional.
Cuando confiamos en el amor de la Tierra, nos plantamos y desde ahí somos para nosotros y para todos. Siempre presentes, fluyendo en una eterna espiral. Confiar, nacer, crecer, florecer, morir, confiar, nacer, crecer, florecer, morir, confiar....

martes, 13 de marzo de 2012

Acepto que me destruyas

Acepto, lo acepto. Y con ello dejo de esperar. Porque me paso la vida esperando agradarte, esperando tu mirada, esperando tu aceptación. Hoy acepto que no me aceptes. Hoy no espero que me aceptes. Hoy ME acepto y ya no me espero...
Cuando me maltratás gratis me descolocás. Tenés esa facilidad para destruirme aún cuando me creo tan fuerte. Hoy me destruiste contándome lo desbocado de mi rumbo, nombrando lo fallido de mi existencia. Y si bien las lágrimas brotan de mis ojos, hoy entendí que no podía hacerme cargo de tu dolor. Atacás porque mi vida te duele, porque mis elecciones hacen que tu amor por mí duela. Y del amor pasás a la indiferencia, y de ahí al cruento ataque. Lo entiendo. Pero ya no quiero que me entiendas.
No es tiempo de palabras. Puedo pasarme la vida hablando y no hacer nada de lo que digo por falta de tiempo... Me alejo para hacer, para seguir, para avanzar. Acepto que no me aceptes. Me duele porque aún no puedo desligarme de esperar que lo hagas. Pero acá estoy, siendo. Y aprendiendo a ser aceptada por mí misma. Cholulismo de autoayuda las pelotas, si yo no me quiero ahora me hundo en el vacío de no saber quién mierda decidió mi vida y no tener a quién hecharle la culpa.
Acepto que me perdí, acepto que no sé bien adonde voy. Pero una cosa no te voy a permitir: vas a dejar de definirme y de vulnerarme con tus ataques. Yo voy a dejar de permitirlo. Acá estoy, aceptada. Ocupo un espacio y vivo una vida, aceptada. Si te cruzás de vereda, te veré cuando el sol queme o el frío congele las mejillas. O no. Y aunque me mueRRRdo la lengua por decirte "que te garúe finito", te digo que te acepto y no te espero. Sa sufi, c'est fini. Me fui.