Si nunca tuve el control, ¿por qué no puedo lidiar con haberlo perdido? Perdí la ilusión... No puedo lidiar con perder la ilusión. Aceptar y no esperar, no ilusionarse. No puedo lidiar con eso, no puedo. Si antes el mundo vivía sorprendiéndome, ¿por qué ahora se me envenan los instantes, se encadenan las libertades, se ahogan las oportunidades? Si acepto haber perdido la ilusión, me resigno. Venía de estar resignada, salí, floté, caí. Otra vez, otra vez caí.
Adentro mío hay un mundo bello... Se pudre esperando salir... Aceptar y no esperar, que se desborde... Que salga y arda en las profundidades de la resignación. Que se estrelle y reviente contra los muros de la indiferencia. Que se ahogue en la desidia y la desmotivación.
Me duelen los ojos de mirar para afuera, se me envenena el cuerpo con esta magia podrida en las entrañas... En esta atmósfera de aceite quemado, la noche es un vacío tan absoluto que ni la soledad entra de compañera. Viscosidades nauseabundas pudren todo. Como es adentro es afuera.
En mi lecho no hay más que muerte. Me entrego a la única digna de presentarse dadas las circunstancias. Tal vez en su abrazo muera lo ya muerto. Que muera la ilusión, que muera el control, que muera esta mierda de ser que ya no soporto. Ya no quiero arrastrar muertos... Dormiré con todos ellos y mañana los tiraré cuando cambie las sábanas.
tormentas en palabras... tormentas que limpian, que invaden, que rompen, que matan, que alumbran, que reviven, que sanan, que reinciden, que lastiman, que acompañan, que re-unen, que aborrecen, que abandonan, que acurrucan, que sueltan, que aman, que re-nacen... tormentas de vida vivida
domingo, 15 de julio de 2012
domingo, 27 de mayo de 2012
De vergas ideales y amores miopes
"No hay verga que te venga bien" sermonea un tipo de los que viven en mí. Y con un placer malévolo de esos que te tuercen la sonrisa, me dije que la tuya me venía perfecta... Es más -recapacité- vos eras perfecto. A diario mi mandíbula caía rotundamente al piso una y otra vez tras tus constantes demostraciones de sereltipoquesiemprequiseparamí. "Es demasiado bueno para ser verdad" decía la vieja chusma-malondona que vive en mi cabeza, para ser automáticamente apaleada por la histérica idealista que haría todo lo posible para que eso no fuera verdad -la valoración y, con el tiempo, también el objeto de valoración...
Tu verga, es verdad, me venía tannn bien. Me descocía y rearmaba de formas que no sabía que habitaban este cuerpo que hoy tengo puesto. Y fue así. Sé que lo fue.
Hasta que sumida en ese estado de paz y sensación de unidad con el Universo que se tiene al haber muerto y resucitado en un continuum de placer, persona tras persona profanaron el santuario que construimos a fuerza de promesas a futuro (¿?), y dejaron entrar la -nunca triste- realidad. Así ya no escuchabas sino lo que otros decían por mí, ni veías sino las mímicas de otros refiriéndose a mí. Yo no vi que vos no me veías, por la confunsión de la mixtura entre el placer y el sinsentido, supongo.
Para cuando desperté de mi embelesamiento, la perfección había dado paso a la miopía. Ya no podés leerme, ya no podés dejarme regulando de sorpresa por personificar un regalo "a medida" del Universo. Tu amor miope entorpeció a tu verga otrora divina, y me quedé queriendo un amor por una persona imaginaria que no vive en mí.
Y así quedé boquitabierta pensando en cuánto placer creamos como para estar tan anestesiada mientras todo esto llegaba. ¡Cuánto gozo! Fue magnífico... FUE. -Magnífico. -Fue. Y hoy: ni la tuya, ni la de nadie. Hoy, reposo tras tremendo revoleo/revolcón. Hoy, sonrisa extasiada de saber que "No hay verga que te venga bien".
Tu verga, es verdad, me venía tannn bien. Me descocía y rearmaba de formas que no sabía que habitaban este cuerpo que hoy tengo puesto. Y fue así. Sé que lo fue.
Hasta que sumida en ese estado de paz y sensación de unidad con el Universo que se tiene al haber muerto y resucitado en un continuum de placer, persona tras persona profanaron el santuario que construimos a fuerza de promesas a futuro (¿?), y dejaron entrar la -nunca triste- realidad. Así ya no escuchabas sino lo que otros decían por mí, ni veías sino las mímicas de otros refiriéndose a mí. Yo no vi que vos no me veías, por la confunsión de la mixtura entre el placer y el sinsentido, supongo.
Para cuando desperté de mi embelesamiento, la perfección había dado paso a la miopía. Ya no podés leerme, ya no podés dejarme regulando de sorpresa por personificar un regalo "a medida" del Universo. Tu amor miope entorpeció a tu verga otrora divina, y me quedé queriendo un amor por una persona imaginaria que no vive en mí.
Y así quedé boquitabierta pensando en cuánto placer creamos como para estar tan anestesiada mientras todo esto llegaba. ¡Cuánto gozo! Fue magnífico... FUE. -Magnífico. -Fue. Y hoy: ni la tuya, ni la de nadie. Hoy, reposo tras tremendo revoleo/revolcón. Hoy, sonrisa extasiada de saber que "No hay verga que te venga bien".
domingo, 25 de marzo de 2012
Un jardín de rosas
Es eso... nada más. Hubiera sido lindo poder decirte esto a la
cara, pero tengo un corazón idiota y una cabeza más tonta aún, que
tomaron mi alma, la sentaron en una nube a jugar con los ángeles y los
rayos del sol, y dejaron mi cuerpo inerte, resignado y cobarde
tambaleándose entre rosas con espinas que doblan el tamaño de sus
pétalos... Supongo que sólo será cuestión de afirmar un pie, luego el
otro, mantenerme quieta por un instante... Asomar un alita, luego la
otra, y por más que duela, pegar un salto... un salto gigante.... tan
rápido y con tanta decisión que las espinas ya no se sentirán... Así
comenzaré a subir... y cuando me reencuentre con mi alma, conmigo en
fin, miraré para abajo y sólo podré ver rosas.. preciosas... las más
hermosas... y, simplemente, seguiré volando...
Y pensar que la distancia entre esto que escribo y la realidad es
tan grande y tan ínfima como la decisión de comenzar a llenar de
contenido esas palabras, de vivirlas....
jueves, 22 de marzo de 2012
Cambio y Fuera
Cambio.
Aceptar el cambio, abrazarlo y llevarlo a cabo requiere de un enorme esfuerzo personal que tiene que ver normalmente con caer, con tocar fondo, con dolor. Desde allí, vencer a la pereza y el sufrimiento para iniciar el movimiento. Seguir, seguir, seguir. Sostener, pensar, seguir. Dejar que pase el mareo y seguir. Afianzarse.
Con respecto al resto de la gente, el esfuerzo debe ser mayor. Mientras más trascendentales (radicales) las decisiones, más resistencia se encuentra de fuera. Ya nadie nos ve como somos, para todos somos diferentes en un sentido peyorativo que desmedra nuestras más íntimas fibras. Y de ahí la avalancha de (mal)interpretaciones: el cambio como capricho, como desesperación, como error, como pérdida de lacordura, como suicidio.
En cada cambio morimos, y mucha gente se queda llorando el cadáver. Normalmente porque se resisten a cambiar en sí mismos, a adaptar lo necesario en ellos para aceptar. Así, honran a los muertos y desprecian a los vivos. Porque es más fácil añorar un pasado mejor antes que hacer frente a un presente que nos desafía e interpela. Que nos exige tomar una posición.
El cambio como negación del otro. El cambio como suicidio y asesinato. El cambio que enfrenta la resistencia de las expectativas en vez de gozar de la aceptación, del fluir, de la compañía.
El cambio como soledad y abandono propio y de la sociedad.
Y, de golpe, te soltás. Caés, y nunca te golpeás. Volás. El cambio como bendición, como principio, como eterno devenir. El cambio como lo simple, lo necesario, lo propio. El cambio como desapego, como amor.
El cambio como cambio, nada más.
Aceptar el cambio, abrazarlo y llevarlo a cabo requiere de un enorme esfuerzo personal que tiene que ver normalmente con caer, con tocar fondo, con dolor. Desde allí, vencer a la pereza y el sufrimiento para iniciar el movimiento. Seguir, seguir, seguir. Sostener, pensar, seguir. Dejar que pase el mareo y seguir. Afianzarse.
Con respecto al resto de la gente, el esfuerzo debe ser mayor. Mientras más trascendentales (radicales) las decisiones, más resistencia se encuentra de fuera. Ya nadie nos ve como somos, para todos somos diferentes en un sentido peyorativo que desmedra nuestras más íntimas fibras. Y de ahí la avalancha de (mal)interpretaciones: el cambio como capricho, como desesperación, como error, como pérdida de lacordura, como suicidio.En cada cambio morimos, y mucha gente se queda llorando el cadáver. Normalmente porque se resisten a cambiar en sí mismos, a adaptar lo necesario en ellos para aceptar. Así, honran a los muertos y desprecian a los vivos. Porque es más fácil añorar un pasado mejor antes que hacer frente a un presente que nos desafía e interpela. Que nos exige tomar una posición.
El cambio como negación del otro. El cambio como suicidio y asesinato. El cambio que enfrenta la resistencia de las expectativas en vez de gozar de la aceptación, del fluir, de la compañía.
El cambio como soledad y abandono propio y de la sociedad.
Y, de golpe, te soltás. Caés, y nunca te golpeás. Volás. El cambio como bendición, como principio, como eterno devenir. El cambio como lo simple, lo necesario, lo propio. El cambio como desapego, como amor.
El cambio como cambio, nada más.
sábado, 17 de marzo de 2012
Confiar en el amor de la Tierra
Como plantas debemos hechar raíces. Nacemos y renacemos incansablemente a lo largo de nuestras vidas. A veces los temporales nos derriban, y seguimos como un germen de lo que somos, una semilla que vuela con el viento, "sin rumbo". Y ahí es cuando nos olvidamos de nuestro potencial. De lo grandes que somos, de nuestra hermosa capacidad de florecer. Y dejamos de confiar en el amor de la Tierra, que nos da todo para que lo hagamos. Y así quedamos, tirados, tristes, solos. Desparramando latigazos de culpa a los otros, a nosotros, al mundo. Por suerte siempre aparece una almita sabia, que sabe distinguir una semilla de una roca, hacer un surquito en la tierra y la sembrarla. O el viento sopla suavemente y la cubre, dejando que la lluvia la active al caer.
Hay muchísimas formas en las que una semilla puede florecer si aprende a esperar el momento indicado para responder a ese impulso de vida que nace desde adentro. Y de ahí, el trabajo es constante. Porque hay que aprender a plantarse, hay que aprender a confiar en el amor de la Tierra otra vez. Hechar raíces que nos anclen a este mundo y nos den la fuerza para seguir hacia arriba. Los temporales van a existir, y van a desafiar cada fibra de nuestro ser y la base misma de la fortaleza que intentamos construir adentro. El viento va a limpiar lo seco, quebrar lo débil y dejar aquello que es lo suficientemente flexible como para sobrevivir. El sol nos va a llenar de fuerza vital y otras veces nos va a quemar. El agua nos va a dar el sustento de vida y otras nos va a ahogar. Y tantos cambios se sucederán que desafiarán nuestra capacidad de esperar y de estar.
El cuerpo siempre llega antes que la mente. Y cuando se sintonizan, entendemos que ya no hay dualidad, que todo nace y va a lo mismo. Nuestra conciencia en el aquí y ahora es lo que nos permite ser partícipes de todo este crecimiento, de tremendo camino. Confiar en el amor de la Tierra es creer en que todo es absolutamente perfecto si aprendemos a estar en este momento y mirar a nuestro alrededor. Un eterno presente para vivir y contemplar. Una sincronía divina basada en la confianza absoluta, en el amor incondicional.
Cuando confiamos en el amor de la Tierra, nos plantamos y desde ahí somos para nosotros y para todos. Siempre presentes, fluyendo en una eterna espiral. Confiar, nacer, crecer, florecer, morir, confiar, nacer, crecer, florecer, morir, confiar....
Hay muchísimas formas en las que una semilla puede florecer si aprende a esperar el momento indicado para responder a ese impulso de vida que nace desde adentro. Y de ahí, el trabajo es constante. Porque hay que aprender a plantarse, hay que aprender a confiar en el amor de la Tierra otra vez. Hechar raíces que nos anclen a este mundo y nos den la fuerza para seguir hacia arriba. Los temporales van a existir, y van a desafiar cada fibra de nuestro ser y la base misma de la fortaleza que intentamos construir adentro. El viento va a limpiar lo seco, quebrar lo débil y dejar aquello que es lo suficientemente flexible como para sobrevivir. El sol nos va a llenar de fuerza vital y otras veces nos va a quemar. El agua nos va a dar el sustento de vida y otras nos va a ahogar. Y tantos cambios se sucederán que desafiarán nuestra capacidad de esperar y de estar.
El cuerpo siempre llega antes que la mente. Y cuando se sintonizan, entendemos que ya no hay dualidad, que todo nace y va a lo mismo. Nuestra conciencia en el aquí y ahora es lo que nos permite ser partícipes de todo este crecimiento, de tremendo camino. Confiar en el amor de la Tierra es creer en que todo es absolutamente perfecto si aprendemos a estar en este momento y mirar a nuestro alrededor. Un eterno presente para vivir y contemplar. Una sincronía divina basada en la confianza absoluta, en el amor incondicional.
Cuando confiamos en el amor de la Tierra, nos plantamos y desde ahí somos para nosotros y para todos. Siempre presentes, fluyendo en una eterna espiral. Confiar, nacer, crecer, florecer, morir, confiar, nacer, crecer, florecer, morir, confiar....
martes, 13 de marzo de 2012
Acepto que me destruyas
Acepto, lo acepto. Y con ello dejo de esperar. Porque me paso la vida esperando agradarte, esperando tu mirada, esperando tu aceptación. Hoy acepto que no me aceptes. Hoy no espero que me aceptes. Hoy ME acepto y ya no me espero... Cuando me maltratás gratis me descolocás. Tenés esa facilidad para destruirme aún cuando me creo tan fuerte. Hoy me destruiste contándome lo desbocado de mi rumbo, nombrando lo fallido de mi existencia. Y si bien las lágrimas brotan de mis ojos, hoy entendí que no podía hacerme cargo de tu dolor. Atacás porque mi vida te duele, porque mis elecciones hacen que tu amor por mí duela. Y del amor pasás a la indiferencia, y de ahí al cruento ataque. Lo entiendo. Pero ya no quiero que me entiendas.
No es tiempo de palabras. Puedo pasarme la vida hablando y no hacer nada de lo que digo por falta de tiempo... Me alejo para hacer, para seguir, para avanzar. Acepto que no me aceptes. Me duele porque aún no puedo desligarme de esperar que lo hagas. Pero acá estoy, siendo. Y aprendiendo a ser aceptada por mí misma. Cholulismo de autoayuda las pelotas, si yo no me quiero ahora me hundo en el vacío de no saber quién mierda decidió mi vida y no tener a quién hecharle la culpa.
Acepto que me perdí, acepto que no sé bien adonde voy. Pero una cosa no te voy a permitir: vas a dejar de definirme y de vulnerarme con tus ataques. Yo voy a dejar de permitirlo. Acá estoy, aceptada. Ocupo un espacio y vivo una vida, aceptada. Si te cruzás de vereda, te veré cuando el sol queme o el frío congele las mejillas. O no. Y aunque me mueRRRdo la lengua por decirte "que te garúe finito", te digo que te acepto y no te espero. Sa sufi, c'est fini. Me fui.
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