Si nunca tuve el control, ¿por qué no puedo lidiar con haberlo perdido? Perdí la ilusión... No puedo lidiar con perder la ilusión. Aceptar y no esperar, no ilusionarse. No puedo lidiar con eso, no puedo. Si antes el mundo vivía sorprendiéndome, ¿por qué ahora se me envenan los instantes, se encadenan las libertades, se ahogan las oportunidades? Si acepto haber perdido la ilusión, me resigno. Venía de estar resignada, salí, floté, caí. Otra vez, otra vez caí.
Adentro mío hay un mundo bello... Se pudre esperando salir... Aceptar y no esperar, que se desborde... Que salga y arda en las profundidades de la resignación. Que se estrelle y reviente contra los muros de la indiferencia. Que se ahogue en la desidia y la desmotivación.
Me duelen los ojos de mirar para afuera, se me envenena el cuerpo con esta magia podrida en las entrañas... En esta atmósfera de aceite quemado, la noche es un vacío tan absoluto que ni la soledad entra de compañera. Viscosidades nauseabundas pudren todo. Como es adentro es afuera.
En mi lecho no hay más que muerte. Me entrego a la única digna de presentarse dadas las circunstancias. Tal vez en su abrazo muera lo ya muerto. Que muera la ilusión, que muera el control, que muera esta mierda de ser que ya no soporto. Ya no quiero arrastrar muertos... Dormiré con todos ellos y mañana los tiraré cuando cambie las sábanas.