Porque antes de reconocerme en tu reflejo tuve que convertirme en Reina.
Porque para mirarte debí quitarme los anteojos.
Porque me descubrí hermosa y así pude mirarte igual a mí, a todos, hijos e hijas de la belleza de la vida.
Porque lamí mis heridas en silencio, el tiempo que hiciera falta, y las dejé secar al sol, te encontré, orgullosa de las marcas de mi vida.
Porque me asumí enteramente madre, dispuesta, entregada, rendida y bendecida, pude reconocerme en tu nobleza.
Porque me descubri mujer plena y brillante, te amé como hombre entero y vibrante.
Porque me sumí en las profundidades de mis actos, mis principios, mis valores y mis deseos, navegando al centro de mi ser, te encontré sin siquiera haberte visto.
Entiendo que aún debo aprender a ser paciente, contemplando la semilla germinar, siguiendo el paso a paso que marcamos junto al cielo, en la tierra. Entiendo que ya estás acá y la chispa está latente… porque no sé cómo va a suceder esto, pierdo el control para encontrarme. Y el tesoro más grande será que sin tenerte me tenga y, toda mía, reconocerte y elegirte, como conmigo, para cada hoy.
Hoy soy enteramente mía, y voy a cuidarme, a quererme y a crecer para poder compartir hoy la maravilla de vivir.