lunes, 31 de agosto de 2009

Re-Cordare.

Hace ya un tiempo, un corto y preciso relato de Eduardo Galeano me enseñó que ‘Re-Cordare’ significa “volver a pasar por el corazón”. Para mí, estas palabras fueron toda una revelación. Por ello será que me intriga enormemente pensar en las diversas reacciones que esta particular definición genera/rá/ría en los diferentes temperamentos. Algo sin sentido, una cursilería. El esbozo de una sonrisa cómplice, o al menos, la elevación de la mirada para dedicarle unos minutos a la reflexión. Especial interés me despierta, entonces, el situar esta particular etimología en el creciente contexto de reivindicación de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Con mayúsculas, sí, porque nombran un pasado tiempo y espacio particular, un fenómeno preciso, tan caro y doloroso para la historia nacional.
A más de 30 años del último golpe militar, muchos siguen esperando... Algunos esperan respuestas que confirmen la esperanza o el desasosiego sobre aquellos que aún “nadie” sabe donde están. Esperan justicia por todo lo que se conoce y entre lo que reina, en gran parte, la impunidad. Esperan disculpas. Otros esperan que por fin se deje de hablar de algo que “ya fue”, “ya pasó”, “es historia”. Esperan un borrón y cuenta nueva. O simplemente esperan que todo siga bien en su día a día y no necesitan saber. Cada uno espera desde su sitio, desde su ideología, desde su opinión, desde el lugar que le tocó o desde el lugar en el que eligió estar.
Recordar en este caso, alivia, estorba, hiere, fortalece, y entre muchas cosas y sobre todo, duele. Es así como ese paso y vuelta a pasar por el corazón de los días que transcurrieron entre 1976 y 1983, se conjuga con la Argentina de hoy, tan falta de rostro, de manos, de pies... Muchos se enredan así intentando comparar a los jóvenes nacidos desde la restauración de la democracia, y a aquellos desaparecidos bajo la última dictadura o “gobierno militar”. Son los jóvenes los invocados porque a esta generación “light”, “sin rumbo”, “descontrolada”, es difícil colocarla junto a aquella generación políticamente activa, comprometida, luchadora, desaparecida... Para algunos el parangón es hasta risible. Para mí, es un tanto injusto.
Remontándome a los escasos comentarios que pude “recopilar” desde que mi conciencia fue capaz de dimensionar en cierto modo lo que un 'golpe militar' y una 'generación desaparecida' implicaban -no hace mucho tiempo atrás-, lo que siempre quedó claro para mí fue que si bien muchos estaban involucrados (activamente o no) en lo que sucedía, muchos otros lo desconocían o hacían oídos sordos. Muchos jóvenes, viendo la presencia de un poder autoritario que pretendía ejercer, y efectivamente ejercía, su coacción sobre el pensamiento tanto como sobre la acción -elementos tan caros a la individualidad misma-, decidieron erigirse como un contrapoder vocero de aquellos cuyos derechos más íntimos estaban siendo reprimidos . Otros, en cambio, pasaron su juventud realizando proyectos personales, viviendo un día a día centrado en las preocupaciones de su cotidianeidad, y permanecieron, voluntariamente o no, aislados de esa “otra” realidad.
Más de 30 años pasaron desde el último golpe militar, y aún nos cuesta hacernos cargo de lo que implica recordar. No nos permitimos, aunque sea por un momento, y desde una actitud de enriquecimiento de la mirada propia, cambiar el cristal con el que miramos ésta, nuestra realidad. Y, lo que es peor aún, no nos hacemos cargo de que este 'HOY' es NUESTRA realidad.
Y es que hoy las cosas no son tan diferentes. Hay muchos/muchísimos jóvenes bajo las más diversas ideologías, comprometiéndose con su propia realidad. Los métodos elegidos también presentan una diversidad considerable: desde el estudio hasta la participación activa y constante en los centros neurálgicos que reclaman con mayor urgencia de su colaboración. Jóvenes dando apoyo escolar, colaborando con comedores populares, realizando investigaciones en 'villas miseria' o 'villas de emergencia', participando de uno y otro encuentro de trabajo voluntario, siendo miembros activos de organizaciones no gubernamentales u organizaciones estudiantiles independientes que tratan de suplir los vacíos que deja el Estado.
Hay una juventud pensante. Una juventud comprometida. Tal vez no tan identificable y tan unida. Pero aunque sea difícil reconocerla entre aquellos que, por elección propia o por desconocimiento, no desean involucrarse con su sociedad/realidad, en el sentido de querer modificar aquello que ven y creen que está mal, existe y trabaja en pos de un objetivo. Si bien puede que ese objetivo no sea “cambiar el mundo”, como era la premisa de esa juventud de los años '70 que se encontraba comprometida a un movimiento de carácter internacional al parecer sin precedentes, el objetivo de la juventud actual es cambiar. Cambiar el entorno cercano, la cuadra, el barrio, la ciudad. Y desde allí, por qué no, cambiar el país, el continente, el mundo... No es que los objetivos grandes nos asusten. Es que resulta difícil imaginarse a uno cambiando el mundo, cuando no sabemos cómo ayudar a aquellos que a nuestro lado gritan su desesperación a través de su silencio o de una sonrisa fingida.
La realidad nos llama constantemente a mirar más allá de nuestras narices, pero sin ir demasiado lejos. Aquí y ahora hay mucho por hacer, comenzando por recoger el legado de la "eterna loca" juventud de siempre: el compromiso y la responsabilidad por una realidad que es propia. Los jóvenes desaparecidos durante el proceso militar interpelan con su recuerdo a cada uno de nosotros, poniendo en evidencia la necesidad de hacerse cargo por lo que nos rodea, de hacernos cargo por lo que aquellos que nos gobiernan, electos o no, hacen y dejan de hacer. Porque todos somos parte de este eterno presente que nos llama una y otra vez a abrir nuestros sentidos para entender qué lugar ocupamos en nuestra realidad, para entender cómo responsabilizarnos activamente por ella. Desde el compromiso es desde donde merecen ser recordadxs aquellos que, tan irónico y hasta insultante como suena, “desaparecieron”. Personas de carne y hueso, como cada uno de nosotros.
Ayer y hoy la premisa es hacer. Ayer y hoy la intención es construir. Así que, sea desde el anonimato o desde la alteridad, lo importante al fin de cuentas es un deseo tan romántico como suena: no perder la esperanza que todos albergamos como jóvenes. Sanar una y otra vez nuestros corazones con esas ilusiones ¿O acaso cuando seremos esos adultos que dejan “la salvación” en manos de algo tan efímero e inmaduro como “la juventud”?

lunes, 27 de julio de 2009

Poco Blog

Por motivos personales no he podido actualizar el blog asiduamente, ni tampoco profundizar en análisis de la coyuntura internacional que vive convulsionada y necesitando de palabras que la nombren. Sinceramente, espero poder retomar mi iniciativa con mayor fluidez en la brevedad. ¡Gracias por seguir pasando por acá! Y ya que estamos, ¿por qué no comentar lo ya dicho? ¿O por qué no proponer algo nuevo por decir?

domingo, 12 de julio de 2009

El Tacto de las Palabras

Aprendemos. Constantemente aprendemos. Incluso, según afirman algunos atrevidos, aprendemos desde antes de nacer. Pero, tal vez por ese extraño equilibrio que muchos creemos rige en nuestras vidas, también olvidamos. Olvidamos mucho de eso que aprendemos. Y es lo que más caro terminamos pagando, porque la principal acreedora del olvido es la salud mental.
Las patologías “psicofísicas” de la sociedad se tornan cada vez más evidentes y preocupantes. Mas por culpa del afán de olvido, no podemos recordar que todos y cada uno de nosotros cuenta con una herramienta insuperable para aliviar los dolores de este mal: la palabra. Es más, su rol ha sido terriblemente tergiversado. La palabra aún constituye una herramienta, pero de comunicar pasó a incomunicar, de informar a desinformar, de activar a desactivar, de formar a deformar. Hoy constituye un alimento para la desidia y una justificación para la apatía, además de un sustento para la elaboración teórica de la “realidad”. Y en su función socio-política, es la materia prima del fantasma de la opinión pública bajo cuyo manto quedan acogidos los que prefieren no hacerse cargo de su responsabilidad por el rumbo que dejamos que nuestra sociedad tome. En este sentido, el olvidar el poder de las palabras más allá de su función simbólica conlleva también el olvido de la responsabilidad y la importancia del rol de aquellos que las conjugan y los que las comunican. Todo esto entre una multiplicidad de dis-funciones de este tipo.
Mas sobre todo y desde siempre, la palabra cura. Cura porque toca. Toca desde su función afectiva. Toca desde su capacidad de entablar conexiones interpersonales más allá de las coyunturas, los humores, la confianza, y demás etcéteras. Pero así como curan, las palabras también enferman; así como alivian, lastiman. No, no son salvadoras ni verdugos. Es hora de asumir responsabilidades. Al menos una: la responsabilidad por lo que somos y hacemos, pero sobre todo por lo que hasta con un mínimo de conciencia dejamos de ser y hacer. Y no es cuestión de olvidarse ahora de aquello que nombramos, ni mucho menos de aquello que a pesar de su existencia no podemos o no nos permitimos nombrar. ¿Cómo buscar lo que no podemos representar? No hay garantías, sólo construcciones. Construcciones de palabras.

sábado, 23 de mayo de 2009

Saber=eclosión

En retrospectiva pareciera que todo estaba anunciado. El cambio se anticipaba en el ambiente: la vida avanzaba en una suerte de ansiosa cámara lenta, desesperada por ver el desenlace, pero aterrorizada por lo que éste pudiera implicar. Las palabras eran más sentidas, llegaban más profundo y quedaban haciendo eco en el cuerpo por más tiempo. El contacto erizaba la piel ante la posibilidad de lo que podría ser, en la desesperación de hacerlo eterno.
Y al final se supo, y todo cambió. Saber=eclosión(1). El capullo se abrió y la vida sufrió en cada partícula la ocupación de ese espacio. Absolutamente TODO cambió con esta nueva noción presente entre los ojos y el mundo, entre el corazón y la vida, entre mi mente y yo. En un segundo, el propio ser fue arrancado de su lugar, ahora ocupado por el capullo. Todo todo todo debe ser re-formulado. ¿Cómo ver el mundo? ¿Cómo reconciliarse con la cotidianeidad? ¿Qué importan ahora la política, la economía y el fru frú? Todo es ínfimo y mundano a tal escala que insulta con su mera existencia. ¿Cómo osa el mundo seguir como si nada hubiera pasado? ¿Por qué se escuchan los ruidos de una vida en marcha, si aquí pareciera que sólo existieran el ser y el cambio, junto a las hermosas y terribles posibilidades a futuro, y las incontables memorias del tiempo que ya fue?
Destino, azar, estadística. No sé, ni me importa. Ahora ÉSTE es el mundo, ÉSTA es la vida, ÉSTOS somos, y ÉSTO es. No creo que haya respuesta a todas las preguntas, ni mucho menos que haya suficientes preguntas para formular, pero ÉSTA es la realidad. La eclosión ya sucedió, y nada volverá a ser lo mismo.
Con la conciencia de una pequeña nueva noción, la transformación total, y con ella miedo, angustia, pánico, desesperación, terror, y demás. Sólo por saber, el mundo ya no es el mismo. Sólo queda alejarse de tiempos lineales que nos llevan de un punto A a otro punto B en una trayectoria (generalmente recta) con una determinada dirección (generalmente hacia delante) y velocidad (generalmente demasiado rápida o demasiado lenta). Sería absurdo e insano pretender captar la inmensidad de un cambio producido por el conocimiento de una cosa tan minúscula, en una simple línea recta, en la mera existencia actual. Se necesita la real sincronía del tiempo vivido para poder contar con las herramientas del pasado, el presente y el futuro, hoy, aquí y ahora. Sólo eso nos recuerda quienes somos, nos lo demuestra y nos da una pauta de las nuevas coordenadas en las que nos encontramos.
Y en medio de toda esta anfibología, no hay que olvidar: lo más indispensable es reconocerse humanos, tan finitos que una pequeña noción adquirida puede cambiar tremendamente los mundos que habitamos, tan infinitos que inmersos en la sincronía de la vida (esto es, en varios tiempos a la vez) podemos reformular el mundo y nuestra vida una y otra vez. Una y otra vez.
En retrospectiva pareciera que todo estaba anunciado. Y al final se supo y todo cambió. Una y otra vez.


Notas --
(1) Eclosionar: 1. intr. Dicho de un capullo de flor: abrirse (separarse los pétalos).

jueves, 7 de mayo de 2009

Cuestiones de lógica... ¿ambiental? (*)


El medio ambiente es imprescindible en la vida del hombre, nuestra vida, tu vida. Tu entorno, ese medio en el que estás inmerso, en el que naces, en el que te desarrollas, en el que ejecutas la totalidad de tus actos, en el que buscas tus fines y donde los llevas a cabo. Ese del cual te nutres, en el que vives y dejas tus huellas, algunas más trascendentes que otras.

El ambiente no está aquí donde los seres vivos y tus seres queridos. El ambiente no está allá, donde los otros, o en algún país, o en cualquier barrio. El ambiente no está en todos lados. El ambiente somos todos, lo nutrimos todos. Tú eres el ambiente. Y cada cosa, cada planificación. Está en nuestras actitudes, en nuestras miradas, en nuestras elaboraciones. Entonces, si nosotros somos ambiente y tenemos proyectos de vida que ejecutar, ¿por qué destruirlo? ¿Por qué autodañarnos con nuestros actos y creaciones?
Si hacemos un recorrido a lo largo de nuestra evolución como hombres, podemos concluir que los grandes cambios fisiológicos que se fueron sucediendo tuvieron su origen en los cambios culturales que se volvían necesarios en la búsqueda de adaptación al medio. Sí, somos seres inteligentes. Mentes brillantes que de adaptarnos al mundo, al medio ambiente, pasamos a producir herramientas para que éste se adapte a nosotros. Y aún así, desde siempre, mientras nos dedicamos a la creación de una serie de artilugios que nos permitan explotar más y “mejor” los recursos humanos y naturales, el medio ambiente se ocupa de oxigenarnos, alimentarnos, brindarnos paisajes y formas de vida.

Toda esta fuente de vida modificada por nuestras manos para que este planeta que llevamos bajo estos pies nos sirva cada vez más. La hicimos nuestra esclava, y eso percibe fácilmente. Hasta se respira. ¿Acaso no estás inmerso en un mundo de incertidumbres? ¿No te preguntas cuán caluroso será el verano o incluso el invierno próximo? ¿Guardas tu ropa de invierno o te dejas algo por las dudas que llegue una “ola polar” repentina? ¿Y qué pasa con los incontrolables estallidos de furia de la naturaleza? Inundaciones, huracanes, tornados, sequías. Vamos a ponértelo un poco más fácil: salí al patio, al balcón o a la vereda… Y respirá… ¿A qué huele? El perfume ya no es el mismo. ¿Estás respirando? Respirá profundo, pero, ojo, no tanto. Hasta el aire está cada vez más dañino. Eso también es producto de nuestras manos, de tus logros y de los míos.

A cambio de todo, pero a cambio de nada, ¿de la vida? Sí, tu vida parece haber perdido el valor que siempre tuvo. ¿Por qué no la cuidas? ¿Por qué no te proteges? ¿Por qué no me cuidas? Inquisiciones que duelen un dolor propio de la respuesta que no queríamos encontrar. Nuestros objetivos, los “aires de grandeza”, la búsqueda de ganancias económicas, todo para vos y para mí. ¿Y el que viene? ¿Qué ocurrirá con él? Yo no tengo bola de cristal alguna, pero el panorama que se presenta sería algo que a mí no me gustaría vivir. Lo más probable es que ése que nos sigue, pisándonos los talones, ya no pueda disfrutar de lo que alguna vez nos hizo sentir bien, caminar erguidos, oxigenar nuestros pulmones. ¿Cómo hacerlo si lo que le dejamos ya no sirve?

El medio ambiente se desvanece en su imponencia. Piedra a piedra, gota a gota, especie por especie, respiro a respiro, grito a grito. Eso sí, un grito convenientemente silencioso. Provechoso para nuestra conciencia que no junta el coraje para hacer frente a la responsabilidad de un cambio, y en ello sienta las bases de un desmerecimiento de los valores de la vida, la protección, el cuidado y la lucha por nosotros mismos. Nosotros que somos el ambiente, nosotros que somos el medio. Esto es por vos y por mí. Recordalo: el ambiente no está acá, ni allá. Está en vos, mirate, sentite, querete y… ¡MOVETE!


En co-autorìa con Gisela A. Benitez, en el marco de nuestro proyecto "Periodismo Orgànico" creado para la Diplomatura en Periodismo Polìtico (ed. 2007) del Colegio Universitario de Periodismo (Còrdoba, Argentina).


(*) Originalmente publicado en http://periodismo-organico.blogspot.com

martes, 21 de abril de 2009

Sobre la V Cumbre de las Américas

La Diplomacia es un instrumento crucial para el buen desenvolvimiento de las relaciones entre los países. El Protocolo que conlleva el ejercicio diplomático, no distingue ideologías, credos, coyunturas y demás. El protocolo es universal y absoluto. Estrechar manos, participar en la foto colectiva del encuentro, son actos que exige todo correcto desempeño protocolar. No obstante, la diplomacia se juega en todos los ámbitos, y es el ejercicio real de esta práctica el que determina el valor o no valor de una Cumbre como la de este fin de semana.

La diplomacia y el protocolo son dos armas, de la mano, tan poderosas que incluso el hecho de que la cumbre haya finalizado sin la firma de los países del ALBA en el documento final, no es una señal de desasosiego. De esta forma también, pero en sentido inverso, estrechando sus manos y sonriendo para la foto, los mandatarios latinoamericanos de la Cumbre no perdieron oportunidad para reclamar a EE. UU. por cuanta cosa fuera responsable o pudiera serlo al menos indirectamente. He ahí la maravilla de estas prácticas cumbristas.

Supongo que esta “desesperación” de todos los países latinoamericanos por denunciar “en la cara” del presidente Barack Obama los abusos que su país cometió desde que fuera colonia –lo demuestra Chávez al regalarle “Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano, análisis de la historia de expropiación e imperialismo al que fue sometido el continente desde su “descubrimiento”-, deviene de la aparente flexibilidad y apertura que demostró el primer mandatario norteamericano en sus constantes comunicaciones públicas. Hay un clima de mea culpa que parece no amenazar las posibilidades de ayuda y financiamiento hacia el sur. Así, estratégicamente y dentro del protocolo, denuncias de dicho calibre se tornan incluso políticamente correctas.

La mayoría de los Presidentes latinoamericanos coincidieron en afirmar que el resultado de la V Cumbre de las Américas superó sus expectativas. Sin embargo, desde 1994 nunca había finalizado una reunión de este tipo sin un documento que plasmara el acuerdo de los presentes. Hubo consenso sí, pero eso significa que cada país deberá ratificar el documento final si lo considera prudente. Tampoco se lograron mayores avances en lo referente a temas cruciales, dado, en parte, porque dos grandes elefantes sobre la mesa entorpecieron las discusiones previstas: la crisis mundial y Cuba.

Fue el Protocolo el que llevó todos los elogios del encuentro. Contra las sospechas de todos, los entendidos y los no tanto, la Cumbre se desempeñó en la forma más armónica y cordial posible. Y con ello, un clima de esperanza en la restitución y reparación de las relaciones entre América del Norte y del Sur resurgieron de entre sus propias cenizas. Ahora bien, debemos tener sumo cuidado con este nuevo comienzo o nuevo clima augurado –o confirmado por unos cuantos apresurados. Pues puede suceder que no sea más que el resultado de las ansias propias por encontrar una respuesta a los reclamos locales hacia el norte, lo que nos lleve a ver con tanto entusiasmo una sonrisa, un apretón de manos, una foto y la ausencia de lo que llamaríamos “un encontronazo” –cuestiones todas que bien podrían ser productos protocolares.

Analizando la situación con detenimiento, lo único que se ha alcanzado en esta V Cumbre de las Américas ha sido poder convivir en un clima de negociaciones cordial que podría sentar las bases para futuros compromisos de mayor calibre de los cuales sólo se han hecho referencias indirectas – indirectísimas, vamos. Y es precisamente ahí donde radica el doble filo de la Diplomacia y el Protocolo. Pueden pasar meses y años de negociaciones desarrolladas en un buen clima, cuyo único resultado no sea un acuerdo vinculante y contundente, sino el haber logrado pulir las habilidades de cada uno para seguir discutiendo mientras se ignoran y esquivan los gigantes elefantes que retozan en sus narices sobre la mesa.

jueves, 16 de abril de 2009

En vísperas de la Cumbre de las Américas 2009 en Trinidad y Tobago


La Cumbre de Trinidad y Tobago
Eligiendo un futuro mejor en las Américas
Por Barack Obama

lanacion.com | Exterior | Jueves 16 de abril de 2009

* * *

Un artículo escrito por el Presidente de los EE.UU., con o sin luna de miel, a toda América en la víspera de la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago.

Sin ánimos de discutir su contenido (no por despreciar su importancia, sino por desear resaltar otros aspectos), quisiera llamar la atención sobre ciertos puntos que devienen del hecho de la publicación en sí del artículo -y del rango de su autor, claro está-:

1. La conciencia de los medios como performadores de la opinión pública.
2. La consideración de la opinión pública transnacional.
3. La desmitificación del "Discurso del Soberano", absoluto y secreto, en pos de una comunicación abierta, anticipada a los hechos y momentos predeterminados para su presentación (Lo que lleva a que sepamos cuáles serán los ejes que tratará Obama en la Cumbre, pero sólo podamos intuir la postura
-signada por la estrategia proclamada de "conseguir fondos"- que adoptará la Presidente . En líneas generales, nunca sabemos de qué hablará nuestra Presidente).

En fin, destaco su actitud como Primer Mandatario. Las implicancias de un acto tan "simple" pero altamente cargado en términos simbólicos.

Eso sí, y aquí me desligo de mi premisa inicial, ¿qué habrá querido decir con "Sociedad de las Américas"? Será cuestión de esperar.

* * *

Retomando la Iniciativa

Falta de voluntad, circunstancias de la vida, elecciones propias, atropellos de la inconsciencia y de la razón. En fin, vida, vida y más vida. Sí, mucha vida ha pasado por mi cuerpo, cual agua bajo el puente, y en medio mucho quedó obsoleto, otro poco surgió del proceso, pero mucho más fue lo reinventado, entre ellos este blog. Tras dos años vuelve al ruedo, tratando de dilucidar las cuestiones que exigen mi cuerpo y corazón a mi mente. Porque aquí, señores, manda el corazón y es la mente la que obedece. ¿Qué otra manera de hacer política? ¿Acaso hay otro modo de pensar? Ésta es la forma que la vida me ha enseñado.

¡Bienvenidos nuevamente!